Intolerancia justificada ante el maltrato infantil

Me declaro intolerante de todo tipo de maltrato infantil, no sólo ante noticias que nos golpean y desgarran, como la muerte de una niña en el mismo espacio que sólo debería ser un cálido regazo para crecer en plenitud. O cuando vemos que hay quienes, en un delirio incomprensible, son capaces de utilizar a niños como bombas vivientes y de quienes nos enteramos cuando retumba en los medios de comunicación la noticia de una niña paquistaní que logra escapar de la muerte gracias a su tenacidad para huir de una muerte incalificable.

En muchos países existen instituciones preparadas para prevenir y atender todo tipo de maltrato y es de agradecer que funcionen adecuadamente, pero nunca serán suficientes si la comunidad las desconoce o se refugia en la pasividad, en la indiferencia, en una falsa discreción o, mucho peor, en el temor a las consecuencias del compromiso.

Es fundamental ampliar los focos de atención, lograr que todos estemos alerta a los signos que indican que algo no va bien con un niño o una niña. Recordemos que muchas veces ellos son  incapaces de verbalizar las agresiones que padecen pero se pueden percibir si estamos atentos porque las manifiestan de algún modo: corporalmente, a través de la expresión gráfica, aislándose de su entorno, mostrando una tristeza permanente…

Es importantísimo saber investigar y denunciar a tiempo para evitar la aberración de la destrucción humana desde la cuna y en todas las etapas de la vida, pero especialmente cuando esto afecta a quienes están indefensos por su propia condición infantil.

Los invito a ser intolerantes ante el maltrato en todas sus formas, a reaccionar a tiempo, a comprometernos como si recibiéramos nosotros cada palabra hiriente, cada golpe destinado a la infancia. Los invito a promover y defender los derechos de la infancia y la adolescencia.